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El Mapa de Sigüenza

Es ésta una historia cartográfica de la migración azteca de Aztlán a Tenochtitlan, única en su género aunque propia de las convenciones pictóricas de los valles centrales de México y Puebla en el posclásico. En este tipo de representaciones se muestra un itinerario, el paso de la migración por lugares, y la historia de éstos y del  paso por ellos. Junto a cada glifo de lugar, unos círculos o una atadura de cincuenta y dos años indican el tiempo pasado en cada uno. Los lugares son representados unidos entre sí por un camino de pisadas: un circuito geográfico y la historia de la migración originaria de un pueblo, el azteca, desde la mítica Aztlán hasta Tenochtitlan. Ese camino es también la evolución histórica y simbólica de este pueblo: su apadrinamiento por dioses, sus momentos fundacionales, sus héroes y líderes, y finalmente, su asentamiento en la isla de Tenochtitlan, desde donde dominará su mundo.

            Una representación sobresaliente es la partida desde Aztlán, con multitud de dignatarios cada uno con su glifo que caminan en orden entre una laguna con su isla, y un templo. La isla de Aztlan es representada como un cuadrado de agua con un cerro en medio –glifo que representa los altepetl, o asentamientos organizados políticamente-. De la montaña surge un árbol y en la cima de éste se posa un gran pájaro que la habla a una multitud, ordenada como unidad militar en una ceremonia o un desfile. La deidad tribal que se disfraza de pájaro es Huitzilopochtli. Emite signos del habla que irradian con fuerza desde su boca. Está dando origen y su protección a la migración de ese pueblo.

            El itinerario de los aztecas atraviesa el espacio geográfico entre la cuenca de México y la región al sur del lago de Texcoco, así como la Huasteca. Entre tantos nombres de altépetl conocidos, un lugar tiene existencia mítica, no geográfica: Ilhuicaatepec, que suplanta el Coatepec de semejantes representaciones, lugar donde nació Huizilopochtli, “encarnación del Sol y de un nuevo tiempo histórico”. Es un conjunto pictorico de singular combinación, narrativa y visual a la vez. Su contenido es vasto y cabe en una representación sencilla. Ilhuicatepec, Ilhuica-a-tepec, cerro del agua y el cielo, reza una inscripción en caracteres latinos, añadida después y por otra mano, probablemente la de un estudioso. Ilhuica-atl, o cielo de agua, océano, donde las aguas del mar se juntan con el cielo: la destrucción, por agua, de la Tercera Edad o Tercer Sol, el derrumbe del cielo por exceso de lluvias, y el advenimiento del Cuarto. Un simple círculo azul que representa el mar (iluica-atl, agua del cielo) moteado de ojos, cada uno de ellos una estrella del firmamento. Al centro del círculo azul del mar estrellado se levanta la montaña primordial y de ella, el enorme árbol que levanta el cielo y y da paso a la nueva humanidad de los toltecas del Cuarto Sol, presidido por Quetzalcóatl. El  árbol, que es un pochote, es asaeteado, traspasado por Quetzalcóatl mismo. La saeta en el pochote dibujan una cruz, los cuatro puntos cardinales; de ambos extremos de la saeta brotan plantas (una de ellas el maíz), es el árbol del sustento. Todo este gran teatro del cosmos se da en un lugar allá por la sierra nevada y el volcán, al sur de la Huasteca, dentro del área incuida en el recorrido de la migración.

            Al llegar al fin a Chapultepec la migración se separa en caminos. Se pierde el itinerario, la representación se hace más compleja y visual: ya no es lineal –tiempo- sino geográfica -espacio. La migración es ahora asentamiento. Tenochtitlan figura al centro entre Chapultepec (0), Texcoco (E), Tlatelolco (N) y Culhuacan (S). Domina esta pintura una gran representación del glifo de Chapultepec: un enorme grillo encima de una montaña. Debajo de esta grande imagen, sobre un vasto espacio cobijado por ella, figuran diversos marcadores geográficos: personas diversas, dignatarios, glifos de lugares, vegetación o bosque. Aparecen casi todos invertidos respecto al grillo y su montaña, tipo de representación no exterior sino inclusiva propia de la tradición pictórica mesoamericana.