Plano o mapaMapoteca Manuel Orozco y Berra
Alt textabrir detalle manuscrito

Mapa de los cerros del Real de Minas de Pachuca, 1750. Anónimo

La fecha de composición de este mapa manuscrito (dada por la Mapoteca a la que pertenece; no figura en el mapa mismo) marca el resurgimiento de las minas de Pachuca, tras su decadencia en la primera mitad del siglo XVIII. La minería siempre fue muy cara y la quiebra era recurrente, sobre todo por las inundaciones y la dificultad de desagüar las vetas del mineral.

En mayo 1739 el empresario José Alejandro Bustamante y Bustillos “denunció”, esto es, registró legalmente, “las minas contenidas en la nombrada Veta Vizcaína, sita en el Real del Monte, ofreciendo desagüarla y habilitarla, con tal que se le adjudicase y concediese”. Principalmente, obtendría “el uso, propiedad y beneficio de todas las vetas”, y que las justicias de la jurisdicción se encargaran de conseguirle los operarios. El virrey Juan Antonio Vizarrón se lo concedió. En 1741 Bustamante se asoció con Pedro Romero de Terreros, y juntos abrieron la contramina o socavón llamada Azoyatla. Aun así no se logró; tras nueve años desampararon ese socavón y determinaron abrir otros: N. S. de Guadalupe, Aranzazu, así como ahondar el tiro de Sta Teresa, La Joya y Sabanilla. Bustamante logró el establecimiento, con aprobación del virrey Revillagigedo, de una compañía de avío o crédito en agosto 1747; en 1749, ya sin recursos, buscaba extinguirla.  Bustamante muere en 1750: “A su muerte la Veta Vizcaína fue adjudicada a don Pedro Romero de Terreros”, quien logró finalmente beneficiarla, abrió una época de oro de las minas de Pachuca y se convirtió en el hombre más rico de México en ese entonces (datos y citas de Velázquez).

Este mapa señala por letras y números varios cerros y muchas bocas de las minas con sus nombres. Tambien se señalan haciendas de metales, así como templos y casa de Pachuca.

Bibliografía:

María del Carmen Velázquez, “José Alejandro Bustamante Bustillo, minero de Pachuca”, en Historia Mexicana, vol. 25, núm. 3 (enero-marzo 1976): 335-362.