ManuscritoPatrimonio Cultural del Tecnológico de Monterrey
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Relación que hace don Rodrigo de Vivero y Velasco que se halló en diferentes cuadernos y papeles sueltos, de lo que le sucedió volviendo de gobernador y capitán general de las Filipinas, y arribada que tuvo en el Japón…

Esta es la colección más completa que conocemos de escritos de y sobre Rodrigo de Vivero (1564-1636), del que ya publicamos en esta BDMx un primer testamento con nuestra descripción correspondiente.

Esta colección es una copia del siglo XIX, de una misma letra de principio a fin, de la Relación (fojas 1-240), compuesta, como escribe su título, de piezas originalmente separadas, seguida de los que parecen ser los documentos más importantes relativos a don Rodrigo y sus descendientes (fojas 240-318).

La Relación de Vivero abre con una carátula: “Relación que hace don Rodrigo de Vivero de lo que le sucedió volviendo de Gobernador y Capitán General de las Filipinas y arribada que tuvo en el Japón. Año de 1608”. Los acontecimientos referidos ocurrieron en ese 1608, pero esta relación es posterior. Siguen décimas de personajes en honor a ella (2-4), la  dedicatoria de Rodrigo de Vivero (en adelante, RV) al rey (5 y 6) y un “Prólogo al lector” (6-7). Tras estas introducciones, la Relación inicia en la foja 7 con este título: “Relación que hace don Rodrigo de Vivero y Velasco que se halló en diferentes cuadernos y papeles sueltos, de lo que le sucedió volviendo de gobernador y capitán general de las Filipinas, y arribada que tuvo en el Japón…”, y cubre de las fojas 7 a la 240, donde don Rodrigo remata la obra: “De este puerto de Matanchel, provincia de Guadalajara, 27 de octubre de 1610 años. Don Rodrigo de Vivero.” No hemos determinado cuáles son las piezas que forman la actual “Relación”, pero su conjunto termina con este remate, lo que apunta a cierta unidad. Pero su “Prólogo al lector” es posterior a 1610, pues en él don Rodrigo se queja de estar ya muchos años en Panamá, a donde llegó para ser su gobernador y capitán general en 1620 (1):

Considerando lo que he peregrinado del mundo, con tantos méritos ganados y tanto tiempo perdido, ya en España, ya en Italia, y por centro de todo esto en el Primero del Perú, que es Panamá, donde me veo enterrado y perdidas mis esperanzas; he sacado casi de la sepultura la pluma para referir mis tormentas en estos discursos (…) (f. 6)
Parecería que esta obra nunca se ha publicado en español. Hay varias ediciones de un fragmento que va de 38 a 47 páginas, dedicado exclusivamente a la experiencia japonesa de don Rodrigo. José Joaquín Pesado lo publicó como “Relación del Japón” en La Ilustración Mexicana, tomo V, México, Ignacio Cumplido, 1855. En Barcelona se publicó en 1904 y en el Boletín de la Real Academia de la Historia de Madrid (tomo 46) en 1905. Muy recientemente salió una edición inglesa de la obra mayor, pero no tenemos la referencia ni la hemos podido ver.

La Relación de Vivero que ahora publicamos incluye desde luego un relato –o varios, pues retoma el tema con libertad, aquí y allá- detallado y lleno de interés de su inesperada y fructífera visita al Japón, pero es mucho más que eso. Es la expresión, notablemente desenfadada y libre, de todo lo que este funcionario de la Corona pudo observar y reflexionar, habiendo conocido de cerca el comercio por tierra y por mar, las diversas sociedades y las vicisitudes de los gobiernos en México, Acapulco, los puertos y ciudades de Filipinas y el Pacífico, Veracruz, Campeche, Lima y el Callao, Panamá, Cartagena, La Habana, Puerto Rico, Virginia, Bermuda, Sevilla y  Flandes, para nombrar sólo los principales.  Conoce al detalle lo que demora las flotas y el transporte de la plata y otras mercancías, el maíz para las mulas y su acaparamiento, la humedad que echa a perder la pólvora en los retrasos de las naos en Panamá o La Habana, la mala calidad de los buques construidos en las Filipinas y la superioridad de los maderas americanas y de los materiales y la ejecución en el Japón y, desde luego, los tiempos idóneos para emprender jornadas por mar, para evitar ataques enemigos y tormentas. Propone planes de defensa de varios puertos y cambios administrativos para proteger zonas apartadas o conflictivas, observando sobre todo la excesiva distancia entre los minerales de plata del Potosí y la capital del virreinato, la ciudad de Lima. Da amplios consejos para reformar la minería en la Nueva España y el Perú, sobrecargada de costos (del azogue o mercurio, la sal, el maíz) e impuestos excesivos. Entre sus consejos para la minería, éste, que muestra cómo se pensaba entonces:

(…) los indios afligidos, porque su natural y flaca complexión no es para trabajar en cincuenta estados y más de hondura, donde la frialdad de la tierra los consume, y así se van acabando, y mientras Vuestra Majestad no mandase traer negros por su cuenta y dárselos a corto y costas como el azogue, ni los mineros han de andar aviados (con crédito), ni los indios han de tener descanso. (f. 77)
También propone erradicar la costumbre minera de la pepena: el robo tolerado de pequeñas cantidades de plata por los indios laboríos –más libres que los de repartimiento-, práctica que estimulaba el pequeño comercio pues la intercambiaban por “lienzo, sayal, otros géneros… y vino”. Señala tambien que cada virrey quiere innovar en vez de proseguir la obra de sus antecesores: “que esta gloria de primeros inventores suele desvanecer a los más cuerdos”, y al respecto señala qué medidas tomaron varios de ellos para la minería. Opina sobre el exceso de coches en las ciudades modernas, y sobre la conveniencia de limitar el número de estudiantes, de religiosos y de sirvientes en España:

Pues le bastan a España nueve mil conventos y 60 mil religiones (…) y así por esta orden tendrían las naos marineros, las guerras soldados, los estudios estudiantes.
Propone limitar a quienes quieren emigrar a los reinos americanos, llenos de espías y de “vagamundos”, que contribuyeron a los motines en Potosí y en la ciudad de México en 1624. Ofrece el modelo del rigor japonés –es de notar, observa, que “gente sin Dios nos muestre a guardar semejantes preceptos”- frente a la corrupción, el robo, el dispendio y el lujo exorbitante que observa en la corte y la sociedad española, y se atreve a decir que la Casa Real debe dar el ejemplo.

Que el grande se contente con veinte criados, el título con diez, el caballero con seis, que con esto sobrará gente para las armadas y ejércitos (f. 116)
Y que los señores residan en sus estados para ver por sus vasallos y adelgazar la corte. Respecto a la corrupción en las Indias, observa con humor: “donde un oidor tiene de salario tres, gasta seis y ahorra doce”.

Esta Relación merece estudios detallados que esperamos vendrán en adelante.

Los documentos que conforman la segunda parte de nuestra colección incluyen sus principales nombramientos: alcaide, capitán y castellano de San Juan de Ulúa, 1595; alcalde mayor de Taxco por segundo año, 1597; gobernador y capitán general del reino de la Nueva Vizcaya, 1599; gobernador y capitán general interino de las islas Filipinas, 1608; gobernador y capitán general de Panamá, 1620, hasta la merced de los títulos de Visconde de San Miguel y conde del Valle de Orizaba (ambos en 1627). Para su biografía más completa, desde su infancia como paje en la corte de la reina Ana, se pueden leer las fojas 265-275, o esta versión en la merced del título de visconde, con datos notables:

Habéis servido en la jornada de Portugal y en las galeras de España, y después pasásteis a las Indias, y siendo general de las guerras de los indios chichimecas el marqués de Salinas, anduvísteis en su compañía a vuestra costa, hallándoos en las ocasiones más peligrosas en que gastásteis más de treinta mil ducados. Después tuvísteis algunos cargos de importancia y fuísteis castellano de la fuerza de San Juan de Ulúa y la reparaste, y el Rey mi señor y abuelo que es en su gloria os proveyó por gobernador y capitán general de la provincia de la Nueva Vizcaya; y habiéndose alzado los indios acaxes y otros, fuísteis desde México a su pacificación y entrásteis en las minas de San Andrés y Topia abriendo el paso por el medio de más de seis mil indios enemigos, peleando con ellos con riesgo de la vida; y habiendo alzado los indios el cerco, fuísteis en su seguimiento y matásteis muchos de ellos, y quemásteis el principal presidio que tenían, y pusísteis en paz más de sesenta pueblos, y de los trabajos que en esto pasásteis estuvísteis tres años en graves enfermedades (…) (ff. 259-261)
Todo esto antes de su interinato en Filipinas, su naufragio y aquellas Capitulaciones que firmó con el Shogún, por lo que Rodrigo de Vivero es más conocido.

Los documentos que completan nuestra colección se refieren también a los descendientes de don Rodrigo y llegan hasta por lo menos 1685.


(1) Para avanzar en la fechación de nuestro(s) manuscritos(s), damos estos datos: en la f. 83 escribe don Rodrigo: “y regulando lo que vi en ocho años que goberné a Panamá”, lo que nos remite a 1628 como mínimo. Igualmente en  varios puntos de la Relación RV menciona sucesos de 1624, el año fatídico del tumulto en la ciudad de México y de la pérdida de una nao junto a La Habana, donde se ahogaron 2,000 “hombres, marineros viejos y soldados, cuya falta no se recompensa jamás”. En la f. 134 escribe, respecto a las Filipinas, “Y si en el tiempo que allí fui gobernador y presidente sucedía esto, 24 años después, qué será?”, lo que nos manda a 1632.