ManuscritoArchivo Histórico del Estado de Tlaxcala
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Caballero Lorenzo Boturini Benaduci, Señor de la Torre y de Hono (Sondrio, Italia, 1702 - Madrid, 1755). Dos cartas, al cura don Toribio de la Puente, de Tlaxcala, y a los curas de la provincia de Tepeaca, 24 de septiembre de 1742

El noble milanés Lorenzo Boturini pertenece al eximio grupo de grandes historiadores que permitieron la recuperación y el estudio de la memoria indígena mexicana, junto con Carlos de Sigüenza y Góngora, a cuyo archivo Boturini tuvo acceso, y en el siglo XIX Joaquín García Icazbalceta y José Fernando Ramírez, para citar solo los principales.

Llegó a la Nueva España en 1735 o 36, año en que una terrible epidemia de matlalzáhuatl asoló esta tierra, y tras la cual la Virgen de Guadalupe fue proclamada Patrona y Protectora de la capital (27 de junio 1737). Movido por su devoción a la Virgen de Guadalupe, el italiano se propuso inicialmente documentar su aparición. Pero, escribió, en ese empeño,

resultó que mientras perseguía un solo placer alcanzase más, a saber, la Historia de los Imperios Tolteca, Chichimeca, Tepaneca, Mexicano, Teochichimeca, y de otras innumerables naciones” (Carta I, 16 de abril  1743 (1))

para que, “cobrando lustre principalmente la Historia Divina, también un brillo imitador le llegase a la profana” (Ibid.). A esta empresa de recaudación de fuentes indígenas y a su estudio dedicó “el trabajo de siete años, al que tantos cuidados, tantas velas, casi un aluvión literario se le ha añadido…” (Carta II, 17 de junio 1743). Escribió al rey:

Examinad con seria atención los penosísimos viajes,  la inclemencia de los distintos climas en pugna entre sí, los calores del sol, las lluvias, las frecuentísimas enfermedades en las que caí con muchísima frecuencia; apreciad perfectamente los grandes gastos, la constancia de ánimo, los continuos problemas de interpretación. (Carta III, 30 de julio 1743)

Había entrado a la Nueva España sin el permiso necesario; sin atender a las jerarquías del reino que visitaba, este noble italiano utilizó sus contactos con la Santa Sede y obtuvo del cabildo de la Basílica de San Pedro la gracia de que “esta celebérrima Imagen de María de las Indias Occidentales (…) siguiendo el ejemplo de las más Ilustres de Europa, pudiese consagrarse con una corona de oro y perpetua” (Carta IV, 3 de agosto 1743). Boturini solicitó la gracia del Vaticano en carta de julio de 1738, le fue concedida el 11 de julio de 1740. Pero no había consultado antes al arzobispo de México, Juan Antonio Vizarrón Eguiarreta, y la concesión del Vaticano no había sido autorizada por el Consejo de Indias.

Con la oposición creciente del arzobispo y, a partir de su llegada a fines de 1742, del nuevo virrey conde de Fuenclara, el caballero Boturini continuó reuniendo información sobre el culto guadalupano, así como manuscritos, mapas y pictografías indígenas, y montó una campaña para “llamar de corazón a las ciudades y pueblos a la servidumbre guadalupense” y financiar la manufactura de la corona de oro.

Presentamos ahora, gracias a la generosidad del Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala, dos ejemplares de las cartas que Boturini hizo circular entre los ayuntamientos y los curas de pueblos y ciudades y entre los labradores - todas escritas de su puño y letra, se dice-, para reunir los fondos, seguir recaudando información para su “Historia de la Divina Señora” y continuar acrecentando su “Museo Indiano”. La primera está dirigida al cura y juez eclesiástico de Tlaxcala Toribio de la Puente, con la solicitud de que a su vez la distribuya “en cordilleras” (como circular) a todos los curatos de la provincia (2); la segunda, al clero de la provincia de Tepeaca, y ambas están fechadas el 24 de septiembre de 1742. De los labradores desea que destinen un “peojal” (o pejugal, pequeño terreno) para que de su producto puedan contribuir a  financiar la hechura de la Corona. Y vale la pena reproducir la posdata de la segunda carta:

Estimaré a la benignidad de vuestras mercedes se sirvan avisarme con toda distinción de las ermitas o capillas que hubiere en sus partidos con público culto dedicadas a Nuestra Patrona de Guadalupe, sus situaciones, capellanías o legados y obras pías anexas, cuya noticia he de poner en la Historia que estoy escribiendo de la Divina Señora. Y que asimismo se dignen vuestras mercedes de conseguirme de los naturales todos los mapas pintados con figuras y caracteres, los cantares antiguos, los cordeles históricos y todo manuscrito en cualquier lengua, mas que traten de la gentilidad y de los sistemas de sus calendarios y planetas, porque me vienen muy al caso, y podrán servirse de remitírmelos a esta su casa frente la contaduría de Monasterio de la Limpia Concepción (…)

Sobre la elaboración y circulación de estas cartas, Boturini escribió:

mis cartas circulares, las cuales se propagaron a fuerza de una constancia impagable y que día a día son puestas en claro por el Intérprete Mexicano del propio Virrey para las más extensas provincias a cambio de los más baratos objetos de primera necesidad de cocina, a saber, gallinas y huevos” (Carta I)

El virrey mandó apresar al caballero Boturini (4 de febrero de 1743, por lo menos hasta noviembre de ese año) y secuestrar su Museo Indiano. Boturini se refería a “esta triste Ilíada de mis desgracias” (Carta I). Logró que le prestaran su colección  en una de sus cárceles, para elaborar de ella un apresurado Inventario (“encontré los Mapas al igual que los Manuscritos tan húmedos…” Carta V). A pesar de todas sus súplicas, nunca pudo recuperar la colección, que fue dispersada. Desde entonces los historiadores han interrogado ese valiosísimo Inventario, y el más completo Museo Indiano que escribió después,  para determinar dónde están sus piezas y cuáles se perdieron para siempre.

El caballero fue deportado a Madrid, donde fue rehabilitado y donde acaba sus días. Sin su Museo Indiano, nunca pudo concluir su gran obra, la Historia General de la América Septentrional, pero publica en Madrid en 1746 su Idea de una nueva historia general de la América Septentrional (con el apéndice del Museo Indiano) y en 1747 es nombrado “Cronista Real en las Indias”. Tras su muerte, su discípulo Mariano Fernández de Echeverría y Veytia intentó completar su obra.

Agradecemos al Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala su apoyo para la elaboración de esta nota.


(1) Las cartas citadas en esta nota, todas dirigidas al rey y escritas originalmente en latín, fueron publicadas en el artículo de González del Campo y Hernández Palomo. Ver Bibliografía.

(2) Boturini fue por un tiempo teniente de alcalde mayor de la ciudad y provincia de Tlaxcala.



Bibliografía

Lorenzo de Boturini Benaduci, Idea de una nueva historia general de la América Septentrional (Madrid, Imprenta de Juan de Zúñiga, 1746). México, UNAM, edición de Miguel León-Portilla, 1974.

__________________________________, Historia general de la América Septentrional (tomo I). Edición de Manuel Ballesteros Gaibrois. Primera edición, Madrid, 1949. Segunda edición, México, UNAM, 1990.

Boletín del Archivo General de la Nación, tomo VII, núm. 1, el virrey sobre Boturini; núm. 2: 229-233, declaración de Boturini antes de su encarcelamiento; núm. 4: 582-592, texto de la concesión de Roma, instrucción de los pasos a seguir y plácet del Real Acuerdo de México.

Guillermo González del Campo, Guillermo y José J. Hernández Palomo, “Boturini o las desventuras de un devoto guadalupano (seis cartas desde la cárcel)”, en Estudios de Historia Novohispana 42, enero-junio 2010.

Álvaro Matute, Lorenzo Boturini y el pensamiento de Vico. México, 1976.

David Brading, Orbe indiano. De la monarquía católica a la república criolla, 1492-1867. México, FCE, 1991.

FICHAS TÉCNICAS

Doc. 1.
Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala, Fondo Histórico, Sección Colonia, año 1742.
Medidas: 30.2 x 21.2 cm., 2 fojas, con sello de agua.
Estado de conservación: deteriorado en el margen inferior y con perforaciones en la parte final de ambas fojas. Sólo la foja 1r. tiene texto.

Doc. 2.
Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala, Fondo Histórico, Sección Colonia, año 1742.
Medidas: 30.8 x 21.3 cm., 2 fojas, con sello de agua.
Estado de conservación: deteriorado, con manchas en el margen inferior.