CódiceInstituto Nacional de Antropología e Historia
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Matrícula de tributos

La Matrícula de tributos registra en forma pictográfica los tributos que en la Preconquista (siglos XV-XVI) los pueblos sujetos debían entregar en forma periódica a México-Tenochtitlan, centro de la Triple Alianza (conformada por México, Tetzcoco y Tacuba). A estos escritos se les llamaba en náhuatl tequiamatl, que significa papel o documento referente a los tributos. Aunque puede tratarse de una copia de un original prehispánico, pudo ser elaborada o copiada entre 1522 y 1530 por petición del propio conquistador Hernán Cortés, que deseaba conocer la organización económica del imperio.

 En 1535 el virrey de la Nueva España Antonio de Mendoza mandó hacer una copia de la Matrícula; esa copia figura como la segunda parte del llamado Códice Mendoza o mendocino. Gracias al Mendocino podemos saber que la Matrícula perdió una hoja y que  las poblaciones tributarias de este registro eran 394, no las 326 que enlistan las 16 hojas sobrevivientes. Las comparaciones entre ambos permiten llenar huecos y precisar lecturas confusas. Otros manuscritos acerca de los tributos a la Triple Alianza son el Códice Azoyú II, el Códice Humboldt y la Información sobre los tributos que los indios pagaban a Moctezuma, año de 1554.

El caballero italiano Lorenzo Boturini Benaduci incluyó la Matrícula (fue él quien le dio el nombre con el que se conoce) en su “Museo histórico indiano”, que le fue recogido por el gobierno virreinal cuando lo expulsó de la Nueva España en 1744. Ya entonces sólo contaba con 16 hojas. En 1770 el arzobispo Francisco Antonio Lorenzana realizó la primera edición. La Matrícula fue incorporada al Mueo Nacional mexicano y hoy en día pertenece a la Biblioteca del Museo Nacional de Anrtopología e Historia.

Cada hoja de la Matrícula representa una provincia tribuaria, por lo que tal como existe hoy en día tenemos representadas 16 provincias tributarias. La cabecera de cada una aparece en primer término, seguida por los pueblos o altépetl a ella sujetos. El orden es de abajo hacia arriba, comenzando con el margen izquierdo de la hoja, o de izquierda a derecha. Sigue el margen derecho y, si necesario, el marco superior. Cada altépetl está representado por su glifo toponímico y en total son varios centenares, por lo que la Matricula conforma un muestrario muy amplio para el análisis de la escritura nahua de los nombres de lugar. Al interior de este marco de topónimos los objetos tributados por la región están representados visualmente, en hileras, y se registra para cada uno la cantidad que se esperaba, de manera que este documento es también una exposición de la aritmética nahua. Los tributos por provincia y región exponen la producción de cada lugar, el comercio destinado a la metrópoli y el consumo tanto común como suntuario y ceremonial de México-Tenochtitlan. La riqueza del imperio salta a la vista: piedras preciosas, oro, jade, plumas finas, turquesa, máscaras, cascabeles, cañas para fumar, tintes; productos agrícolas: cargas de maíz, frijol, chía, huauhtli, cacao, chiles, miel de abeja, sal, algodón, cada uno en sus respectivos recipiente, presentación y medidas; armas variadas y sorprendentes, materiales de construcción, leña, mobiliario, papel de amate, mantas de algodón y otras fibras y demás prendas de vestir y, finalmente, un muestrario sorprendente de trajes ceremoniales o atavíos, pintados en forma individual para nuestro preciso conocimiento, además de pieles de animales.

Los dominios de la Triple Alianza, enlistados pueblo por pueblo en la Matrícula, incluyen poblaciones de los actuales Distrito Federal, Estado de México, Morelos, Guerrero, Veracruz, Hidalgo, Puebla, San Luis Potosí y Chiapas (y algunas poblaciones que hoy se encuentran en Guatemala).
 
Las pinturas y glifos son acompañados de glosas en náhuatl que los interpretan, añadidas al documento en el siglo XVI, y por otras en español posteriores. La encuadernación del manuscrito, de técnica europea, es del siglo XVI.

Dos hojas de la matrícula de tributos fueron llevadas a Filadelfia por Joel R. Poinsett, primer embajador de Estados Unidos ante la República de México, quien llegó a México en 1825. Esos documentos fueron devueltos a México en ocasión de la inauguración de la Biblioteca Benjamin Franklin en la ciudad de México en 1942, y reintegrados al códice.