ManuscritoPatrimonio Cultural del Tecnológico de Monterrey
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Guillén de Lampart, "Propuesta al Rey Felipe IV para la liberación de Irlanda", c.1639-1640

, Guillén de Lampart


ITESM, Biblioteca Cervantina, Colección Conway, Papeles de Guillén de Lampart, ff. 153r-154v.

Guillén de Lampart era hijo y nieto de revolucionarios irlandeses y él mismo uno de los “gansos salvajes”, como se llamó a la diáspora irlandesa expulsada por la invasión inglesa de Irlanda, la proscripción del catolicismo y la expropiación de las tierras de los irlandeses católicos. Muchos de esos irlandeses, soldados y mercenarios, se pusieron al servicio del rey de España, cabeza de la principal monarquía católica en ese tiempo. Lampart, estudiante en Londres, fue condenado a muerte por el rey de Inglaterra por denunciar la ilegitimidad de la invasión inglesa a Irlanda, y debió huir de la isla. Continuó sus estudios en España y por sus méritos académicos terminó en la universidad de los nobles de la corte de España, donde se volvió cercano del valido del rey,  el conde-duque de Olivares. Lampart tuvo una participación destacada en los tercios de irlandeses de la guerra de Flandes y fue retratado como tal por el pintor Pieter Paul Rubens, después de la toma de Nordlingen, en 1634.

De 1639 a 1640, un emisario de la nobleza de Irlanda (los “títulos” mencionados en el documento), Gilberto Nugencio, Gilbert Nugent, permaneció en Madrid para solicitar ante el conde-duque el apoyo español a  un levantamiento en Irlanda. Lampart terció en esa delicada gestión, y el texto que ahora presentamos por primera vez, probablemente un borrador de un documento efectivamente entregado, debe haber sido parte de ese esfuerzo.

En este documento de dos fojas por ambos lados, con la escritura cerrada que era usual en sus papeles personales, Lampart propone al rey de España apoyar la inminente rebelión irlandesa con “cien bajeles de guerra bien pertrechados”, “ocho mil españoles”, “armas para cincuenta mil hombres”, balas y pólvora, “un millón y medio cada año” mientras dure la rebelión, y mucho más. Pide también hacer, de los nobles de la liga revolucionaria, duques y grandes de España en caso de triunfo, o darles en España estados equivalentes a los que tenían en su reino, en caso de derrota.

A cambio, ofrece a nombre de los rebeldes hacer de Irlanda un protectorado del rey de España, pero en tanto “República libre”, como Venecia; 20,000 infantes al año para las guerras españolas que se produjesen, imponer a la población cualesquiera tres tributos, cuyos montos se gastarían en la propia defensa del reino de Irlanda, privilegios para la nobleza española en Irlanda, y diversos socorros militares y estratégicos, así como la fidelidad de Irlanda a la corona de España.

El documento incluye la cuenta de los efectivos dispuestos a la rebelión: el grueso estaba conformado por la nobleza irlandesa con su gente, pero también contaban nobles católicos ingleses, escoceses, “sacerdotes, religiosos y gente de letras católicas en Irlanda”, y soldados viejos irlandeses que militaban fuera del reino de Irlanda: un total de 111,000.

Finalmente, propone una estrategia conspirativa para poder trasladar las fuerzas españolas a Irlanda sin despertar las sospechas “del inglés”: que España pida a Inglaterra autorización de llevarse a voluntarios irlandeses para poblar en las Indias (la América española). Ya con el permiso, llegarían los navíos con los socorros acordados, bajo color de venir a trasladar a los colonos voluntarios, y con el factor sorpresa se desataría la rebelión.

La idea de ofrecerle a la corona de Castilla acoger a Irlanda como un protectorado autónomo a cambio de su apoyo a la rebelión irlandesa contra los ingleses se atribuye a uno de los grandes jefes de la insurrección, Owen Roe o Eugenio O´Neill. Este había sido por cuarenta años un alto oficial del ejército español en las guerras europeas, donde debió haber coincidido con Guillén de Lampart.

La insurrección irlandesa, sin apoyo español, se inició el 23 de octubre de 1641; estuvo a punto de triunfar, fue muy sangrienta y terminó en 1649-53 con la invasión de Irlanda por el ejército de Oliver Cromwell. Los guerreros irlandeses siguieron acudiendo en masa a ponerse a las órdenes de los reyes de España a lo largo del siglo.