Megalópolis CDMX. Una mirada alternativa.

Las montañas que nos rodean

Para los pintores paisajistas del siglo XIX no era un problema apreciar la grandeza del entorno en cuyo centro se levantaba la ciudad de México, pero actualmente es cada vez mas complicado apreciar el espacio geográfico en que habitamos pues los grandes edificios nos obstruyen la vista de las montañas y la contaminación impide a veces ver incluso los cerros más cercanos.
Para poder recuperar ese sentimiento de asombro al contemplar nuestro glorioso valle, hay que esperar a los cada vez más raros días en los que haya una atmósfera clara y un ambiente despejado, y entonces buscar un lugar elevado para apreciarlo. Esta primera entrega la dedicamos a las distintas montañas y serranías que conforman el borde del "nido" en el que se aloja la capital de nuestro gran país.

Sierra de Monte Alto.

Fecha: Finales de la década de los 90.

Lugar: Cañada Honda, al pié del Cerro de las Navajas, Estado de México.

Hacia el noroeste de la Ciudad de México, hay otro grupo de montañas que alcanzan los 3700 metros de altura, aunque menos conocidas y visitadas por los capitalinos cuentan con vastos tramos de bosques y praderas alpinas que hoy se utilizan para el pastoreo y el turismo de fin de semana. Esta región antiguamente estaba habitada por grupos otomíes que veneraban las montañas, un par de esculturas de Tláloc y Chalchiuhtlicue, dioses del agua y la lluvia fueron rescatadas por los arqueólogos y en las laderas de estos cerros se construyó el Centro Ceremonial Otomí no hace muchos años.